viernes, 3 de febrero de 2012

Evaluación de aprendizajes


2- Aportación de soluciones a problemas asociados a casos específicos de evaluación de enseñanza-aprendizaje.

Al ver a muchos de mis compañeros presentando artículos que hacían referencia a la evaluación de aprendizajes, me di cuenta de que esta temática tiene un campo de investigación ingente, por lo mismo, me llegó la inquietud por seguir leyendo al respecto, y me encontré con un artículo de un estudio realizado por Fermín Navaridas el año 2002 (Universidad de La Rioja), y que trata sobre la relación existente entre la forma de evaluar aprendizajes y su influencia en las estrategias de estudio y aprendizaje que emprenden los alumnos de educación universitaria (relación presente también en otros niveles educativos), llegando a conclusiones que me parecen, además de interesantes, muy vigentes en los escenarios educativos actuales; el artículo lleva por nombre La evaluación del aprendizaje y su influencia en el comportamiento estratégico del estudiante universitario (Navaridas Nalda, 2002).

El nombre es muy sugerente y me hace recordar las estrategias que utilizaba en la universidad, al igual que mis compañeros. Las formas de aprendizaje, o más bien, las estrategias adoptadas para acceder al aprendizaje varían dependiendo de la forma de evaluación que tenga el docente. Las variables de presagio (contexto socio-laboral, marco institucional, perfiles de profesores y alumnos) tienen que tener una relación coherente y cohesionada tanto con las variables de proceso (prácticas educativas y estrategias didácticas adoptadas) como con las de producto (rendimiento, satisfacción y aprendizaje), entendiendo que la forma evaluativa puede ir condicionando la estrategia del estudiante durante su proceso formativo.  Como ya hemos visto en clase, evaluar es ante todo emitir un juicio con respecto al aprendizaje no sólo del alumno, sino que también del profesor, en consecuencia, el proceso de evaluación de aprendizajes tiene que ser pensado de manera integral, sea en primaria, secundaria o educación superior. Sabemos que lo anteriormente planteado es muy difícil de definir y de controlar, por la intrínseca complejidad que poseen tanto las instituciones educativas, que trabajan con sujetos, como cualquier dimensión relacionada con el proceso educativo. Todo proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser evaluado constantemente en sus dos componentes: enseñanza y aprendizaje. Si los estudiantes no aprenden, es quizás porque las estrategias de enseñanza y las formas de evaluar no son las más adecuadas y se debe hacer una revisión al respecto, con la convicción de que la evaluación no puede ser sólo sumativa y debe ser sometida constantemente a una revisión. Además, hay que considerar que al pensar la evaluación como un proceso continuo, cambiante y subjetivo, deben ser todos los actores implicados en la evaluación quienes concluyan si hay coherencia entre la forma de evaluar y las estrategias y prácticas procesuales llevadas a cabo durante una clase, unidad o curso determinado. Por lo mismo, los instrumentos de evaluación tienen que ser implementados siempre que las prácticas educativas y las estrategias didácticas adoptadas las justifiquen.

En conclusión, mediante la integración de nuevas formas e instrumentos de autorrevisión en y desde la propia práctica en el aula (hétero, auto y co-evaluación), podríamos llegar a uno de los principales objetivos de la educación y de la evaluación en particular, que los alumnos estudien para aprender y no sólo para aprobar una asignatura. La coherencia que exista entre las formas de evaluar y las estrategias didácticas de enseñanza, además de la implicación de los actores educativos en estos procesos, llevará a que se tomen decisiones pensadas y consensuadas sobre futuras innovaciones y mejoras de las prácticas educativas en general y evaluativas en particular.


Bibliografía

Navaridas Nalda, F. (2002). La evaluación del aprendizaje y su influencia en el comportamiento estratégico del estudiante universitario. Contextos educativos. 5 , 141-156.

lunes, 16 de enero de 2012

El Sistema Binominal

La ética en la evaluación educativa



Uno de los principales miedos que se le tiene a la evaluación en el mundo educativo (principalmente en la evaluación docente), radica en la posibilidad de que los resultados emanados de ella sean utilizados de manera punitiva, pasando a llevar los principios éticos que debe integrar cada evaluación. En muchas ocasiones, los encargados de tomar decisiones, lo hacen amparados sólo en los resultados que arrojan los exámenes que pretenden medir la obtención de competencias solo de manera sumativa. 

Las gratificaciones y castigos que se practican en los procesos de evaluación, conducen a una paranoia colectiva, pues no se asegura a los participantes de la evaluación la protección de sus derechos. Frecuentemente, la evaluación entendida sólo como proceso de recopilación de información cuantitativa, lleva a valorar la evaluación solo en estos términos, sin entender que es un proceso llevado a cabo con personas que cambian junto con sus contextos. La evaluación no debe ser una fotografía que nos muestre la realidad de un momento determinado, sino que debe apuntar a la evolución procesal que posee toda empresa evaluativa. 

Todo proceso evaluativo debe tener en cuenta que los participantes de estas valoraciones tienen derecho a conocer los resultados y las interpretaciones de lo resultado del proceso evaluativo del que son parte integral, reconociéndoseles su derecho a réplica y a entrar en un proceso de capacitación, si es que la evaluación es deficitaria. Como plantea Joan Mateo en el artículo Claves para el diseño de un nuevo marco conceptual para la medición y evaluación educativas, hay que dejar de ver a la evaluación solo como un proceso de medición psicométrica e ingresar en una cultura evaluativa que respete los derechos de las personas, haciendo un uso ético de los resultados de las mismas.